Marisa Valle Roso: la artista inconformista que convierte las raíces en música universal
La cantante y compositora langreana Marisa Valle Roso, nacida en La Felguera en 1987, encara un verano cargado de conciertos, emociones y reencuentros con el público. Su gira de presentación del último trabajo discográfico, “Cenicientes”, la llevará por distintos puntos de la geografía española durante las próximas semanas, con una agenda que refleja el buen momento creativo que atraviesa.
Un mes de agosto intenso y lleno de música
El calendario de actuaciones arranca con dos citas especialmente significativas. El 12 de agosto ofrecerá un concierto único en Gijón con motivo del eclipse, y un día después, el 13 de agosto, será la encargada de abrir las fiestas patronales de Pola de Laviana a las 21.00 horas, acompañada por Manuel Cordero y María Daz. La gira continuará por Sabero (14 de agosto), Cuenca (16), Soria (22) y Ponferrada (29), consolidando así una temporada especialmente activa.
“En esta gira estoy tocando más que nunca. Llevo 22 conciertos, pero no me quejo. No me cansa porque hago lo que me gusta”, explica la artista.
Cuida la voz como parte de su oficio
La intensidad de la gira no es obstáculo para mantener una rutina saludable. Marisa asegura que cuidarse es imprescindible para afrontar conciertos consecutivos sin perder calidad vocal.
- Deporte semanal para mantenerse en forma.
- Alimentación equilibrada y mucha hidratación.
- Calentamientos de voz antes de cada actuación.
- Evitar frío, alcohol y comidas picantes en los días previos a los conciertos.
“Yo intento cuidarme mucho. Suelo hacer deporte todas las semanas y cuido también la alimentación. Si tengo concierto cerca tengo mucho cuidado con la voz”, confiesa.
A pesar de esa disciplina, no tiene manías ni supersticiones antes de salir al escenario. Su única obsesión es llegar en las mejores condiciones posibles para ofrecer al público una experiencia sincera y emotiva.
El vínculo con las Cuencas y el apego a lo local
Marisa valora especialmente el respaldo que recibe en su tierra. La inauguración de Talleres del Conde fue una oportunidad para demostrar que los artistas locales también pueden llenar espacios y emocionar. La presentación de su disco en Langreo, con todas las entradas agotadas, sigue siendo uno de los momentos más emocionantes de su carrera.
“Fue un lujo que contasen conmigo para inaugurar Talleres del Conde y que se acuerden de los artistas locales. Fue de los mejores conciertos de mi vida, por cómo me acogió el público”, recuerda.
Con Laviana mantiene una conexión especial, no solo por ser uno de los escenarios de sus próximas actuaciones, sino porque su pareja, Pablo Carrera, es de allí. Eso convierte a la localidad en una especie de segunda casa.
“Siento que la gente ya me tiene un poco como parte de la banda sonora de sus vidas”, afirma.
Un espacio con mucho potencial cultural
La artista también se muestra esperanzada con las posibilidades que ofrecen espacios como Talleres del Conde. Cree que pueden convertirse en un polo cultural de primer nivel si se les dota de actividad y de presupuesto.
Le ilusiona el ambiente que se genera alrededor de la cultura, como cuando ve cine al aire libre o clases de yoga junto al paseo fluvial.
“Es un espacio enorme que tiene muchísimas posibilidades. Si se apuesta por ello, nos va a venir estupendamente”, asegura.
La tonada como raíz y como escuela
El folclore y la tonada son la base de todo su universo musical. Marisa reconoce que su formación junto a Alfredo Canga en la cochera de Les Pieces marcó para siempre su manera de entender la música.
“Todo lo que aprendí con Alfredo Canga es lo que me hace ser lo que soy y cómo me enfrento a la música hoy en día. Él despertó en mí esa ambición por querer siempre mejorar y por disfrutar”, explica.
Ese aprendizaje clásico convive con la exploración de nuevos sonidos y con la recuperación de melodías tradicionales. Para quien quiera acercarse a este universo, existen buenos materiales como cancionero asturiano que permiten conocer mejor las composiciones que han inspirado a toda una generación de artistas.
Del coro del colegio a la canción asturiana
Su llegada a la tonada fue casi casual. Fue su hermano quien quiso aprender, después de escuchar canciones como “Mocina dame un besín” de camino a los concursos de escanciado de sidra en los que participaba su padre, que llegó a ser campeón de Asturias. Marisa cantaba en el coro del colegio, iba a guitarra y hacía teatro, pero la canción asturiana no le llamaba especialmente la atención.
Al acompañar a su hermano a visitar a Alfredo Canga, algo cambió. Alfredo le dijo que tenía una voz muy bonita y le regaló una cinta. Ella, muy tímida, aceptó el regalo y poco a poco se fue enganchando al folclore.
Referentes que dejan huella
Entre sus influencias destaca Joan Báez, una artista que siempre le pareció comprometida, coherente y capaz de jugar con el folclore sin perder su esencia.
- Joan Báez
- Violeta Parra
- Mercedes Sosa
- Chabela Vargas
- Natalia Lafourcade
- Mon Laferte
- Rozalén y Silvia Pérez Cruz
Para quien desee profundizar en esa tradición, la discografía de Joan Báez ofrece un buen punto de partida, al igual que las obras de otras cantautoras que han sabido unir compromiso y belleza.
Colaboraciones que enriquecen el camino
Marisa disfruta especialmente con los proyectos compartidos. Le encantaría cantar con la mexicana Vivir Quintana, y también menciona a Natalia Lafourcade, Xoel López o Carlos Ares. La colaboración más reciente, “Acebachi”, fue creada junto a Cristina Len, una artista catalana con raíces salmantinas y una interesante propuesta basada en el folklore charro.
“Las colaboraciones te aportan mucho. No solo cantar en un escenario, sino también unirte para componer, producir y hacer todo tipo de cosas”, señala.
A veces basta una guitarra acústica para encontrar el punto de conexión entre dos sensibilidades musicales diferentes.
Inconformismo y creación constante
Marisa se define como inconformista y perfeccionista. Siempre está reinventándose, dejándose llevar por el momento vital y por las historias que descubre. Así nacieron canciones como “El Tren de la Libertad”, inspirada por Begoña Piñero, o “Cenicientes del carbón”, a partir del testimonio de Anita Sirgo.
“No pienso lo que voy a hacer en el próximo disco. Según lo que me va surgiendo, voy creando y van surgiendo las cosas”, afirma.
Su prioridad sigue siendo contar historias. Eso fue lo que conectó con el público en su último trabajo y lo que quiere mantener en el futuro. Ahora mismo se encuentra en plena fase de composición, sin descartar incorporar alguna pieza tradicional, pero con la escritura como eje central.
Llevar la memoria de Asturias al mundo
Para Marisa, actuar fuera de Asturias es también una forma de trasladar su cultura y su historia. Recuerda con emoción una actuación en Burgos donde pudo hablar de les Carboneres y explicar de dónde viene. Esa conexión con el público hace que cada concierto sea mucho más que una interpretación.
“Es una manera de conocerme más allá de una interpretación, porque al final están conociendo también de dónde soy. A través de la música puedo presumir de lo bueno que tenemos”, sostiene.
La constancia como gran orgullo
El camino musical no ha sido fácil. Marisa destaca los momentos duros, las temporadas sin conciertos o los discos que no funcionan como se esperaba. Pero también subraya la importancia de continuar, de no rendirse y de mantenerse fiel a uno mismo.
“Llevo muchos años en esto y a veces es duro abrirse camino. De lo que más orgullosa estoy es de no haber tirado nunca la toalla y continuar. Y ser fiel a mí misma y a lo que quería hacer”, concluye.
Contenido original en https://www.lne.es/laviana/2026/08/08/marisa-valle-roso-cantante-inconformista-133199369.html
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